Este domingo 7 de junio no fue un domingo cualquiera. Para quienes llevamos las Vías Verdes en el corazón y el ciclismo en las venas, esta fecha representaba la culminación de meses de esfuerzo, planeación y sueños compartidos. El banderazo de salida en Tala marcó el inicio de una jornada espectacular de 30 kilómetros, pero más allá de la ruta, el verdadero viaje fue el de los reencuentros. Entre los jerseys coloridos y la fuerza indomable de los asistentes, ver avanzar el escudo de Cámara Rodante encendió una chispa de profunda nostalgia y gratitud en mí.
Para mí, Cámara Rodante no es un grupo ciclista más; es, en toda regla, mi Alma Mater. Mis primeras pedaladas formales comenzaron en aquellas entrañables y desafiantes rodadas nocturnas. Aunque por tiempo, nunca logré conectar con "Pies Negros" su grupo Élite, ahí aprendí a dominar el rodar en grupo, a perderle el miedo a la oscuridad de la ruta y a entender que el ciclismo es, ante todo, comunidad.
Volver a verlos ayer, ahora desde la trinchera de la organización del Día de Vías Verdes Jalisco, significó cerrar un círculo perfecto. Que el grupo que me vio nacer en el asfalto y la terracería regrese hoy para respaldar los proyectos que lidero, es un honor de un valor incalculable.
Es la prueba de que los buenos equipos no solo ruedan juntos, sino que impulsan el crecimiento de sus integrantes a lo largo de los años sin importar los que colores que porten.
Curiosamente, en eventos de esta magnitud es donde se hace evidente quiénes están dispuestos a sudar y enlodarse por la comunidad.
Cámara Rodante demostró una vez más de qué está hecha su esencia: de rodar por el puro placer de compartir, de conservar la humildad del pedal y de respaldar las iniciativas que dan vida al fomento deportivo.
Por Enrique Arce
Al final de la jornada, quedó claro que el ciclismo es mucho más que intensidad y kilómetros recorridos. Es identidad.
Agradezco infinitamente a Cámara Rodante por el honor de permitirme escribir estas líneas, pero sobre todo, por recordarme de dónde vengo. Gracias por haber estado ahí ayer, por arroparme con su pedaleo y por demostrar que, sin importar cuántas rutas nuevas exploremos, siempre se regresa a casa. ¡Nos vemos en la siguiente rodada!






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