Entre el polvo del camino, el sonido de las llantas sobre la tierra y el aire que baja de los árboles, recordé por qué a veces uno necesita perderse un rato en el bosque.
No todo fue fácil. Hubo subidas que quemaban las piernas, tramos donde el corazón parecía querer salirse del pecho y momentos donde lo único que quería era parar un minuto. 
La meta no siempre se alcanza rápido, ni sin cansancio. A veces se llega con las piernas temblado, con el sudor en la cara y el orgullo intacto.
Hoy el bosque me recordó eso.
Que uno puede bajar el ritmo, tomar aire, mirar alrededor… pero mientras sigas pedaleando, sigues avanzando.
Y al final, eso es lo que importa: seguir el camino hasta llegar a la meta. 🚵🏼♂️🌲
Por Diego Figueroa




No hay comentarios:
Publicar un comentario