Recibí la invitación de mi esposo 2 semanas atrás refiriendo que estaban muy padres las rodadas. Él llegaba a casa muy cansado pero feliz y satisfecho, y eso me motivó a querer probar la experiencia.
Por fin, me decidí a ir con ustedes este domingo (3 de mayo). Llegué contenta y emocionada por el nuevo reto. Fui muy bien recibida por todos los que se habían reunido y me hicieron sentir especial.
Empezamos la rodada a las 7h30 en punto. Iba con un poco de nerviosismo porque habían comentado que la rodada era una de las que tenían las subidas más complicadas. Poco a poco empecé a sentir el esfuerzo y la resiliencia que los ciclistas deben tener. A cada momento, mis energías se iban consumiendo, pero mi sensación de libertad fue superando al desgaste.
Al salir de la zona urbana me invadió una certeza de que lo que íbamos a hacer sería difícil pero maravilloso. El campo era cada vez más generoso en todos los sentidos: calor, polvo, sufrimiento, sed…pero había un reto por cumplir.
Mis piernas no respondieron más a media subida pero siempre hubo alguien para darme consejo y apoyarme. Tuve que caminar empujando mi bicicleta de subida, pero ello me permitió retomar aliento y energías para llegar a la cima: la punta del Cerro Blanco.
La vista y la sensación de logro compensó todo el esfuerzo. La alegría en el grupo era contagiosa y las felicitaciones por el reto cumplido fueron genuinas. Todos estábamos felices de haber llegado. Descansamos un poco, tomamos fotos y emprendimos el regreso.
La bajada también fue un reto para mí, que tengo poca experiencia en MTB. Tuve que volver a caminar de bajada en un par de tramitos que tenían mucha pendiente. Creo que fui ganando experiencia con las bajadas que si logré montar en bici con la tensión en los brazos y la adrenalina a tope.
La pendiente fue decreciendo y las emociones volvían a la calma. Pronto empezamos a rodar en brechas muchos más llevaderas técnicamente pero ahora había que luchar contra esa vocecilla que te dice que “ya vas muy cansada”.
Mandé al demonio esos malos pensamientos y seguí. Llegamos a una tiendita a abastecernos de alimentos y bebidas. El lonche más rico y el jugo más refrescante de mi vida. Continuamos el trayecto durante una hora más y con el triple de cansancio. En algunas subidas ya no tan complicadas tuve que pedir ayuda porque ya no traía “combustible” en las piernas.
Por fin llegamos a nuestro destino y fue maravilloso poder cumplir el objetivo. La sensación de logro es indescriptible y creo que se puede volver adicción. Gracias a todos los que me acompañaron y me apoyaron en el camino. Estoy feliz de haber cumplido el reto y espero pronto volver a acompañarlos.
Por Paty Muñoz.









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