Este domingo 17 de mayo tuvimos la oportunidad de rodar hacia Piedras Bolas y Peñascos de San Miguel, en una ruta que combinó caminos de terracería y carretera, con pendientes y subidas verdaderamente demandantes.
Sin embargo, como bien sabemos quienes alguna vez hemos recorrido un pedacito de montaña, cada esfuerzo tiene su recompensa: contemplar paisajes maravillosos, percibir el aroma de la tierra mojada y sentir en el rostro el aire fresco impregnado de olor a pino.
Pero la montaña no solo nos regala escenarios increíbles; también crea un ambiente de hermandad, camaradería y unión entre quienes compartimos el camino, aun cuando muchas veces no nos conozcamos.
Siempre hay alguien dispuesto a tender la mano, compartir el consejo sabio de la experiencia, ofrecer un chocolate o simplemente estar atento al bienestar de los demás.
Y es que la montaña tiene esa magia de despertar la empatía, la solidaridad y el compañerismo, valores que hoy en día parecen escasos, pero que sin duda nos ayudan a ser mejores seres humanos.
Mi agradecimiento para CÁMARA RODANTE y para todo el staff, quienes de manera desinteresada comparten su experiencia, enseñanza y pasión por esta actividad.
Permitiendo que más personas descubran no solo el gusto por rodar, sino también la importancia de construir comunidad y fortalecer los valores humanos que tanto necesita nuestro mundo.
Por María de la Luz Betancourt Peraza







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