Hay experiencias que comienzan con una simple curiosidad y terminan convirtiéndose en recuerdos que uno guarda para siempre.
Así comenzó mi aventura con *Camara Rodante*
Experimentar lo que se sentía salir a rodar, conocer nuevos caminos y descubrir qué había detrás de eso que tantas personas disfrutaban. Lo que no imaginaba era que aquella curiosidad me llevaría a conocer lugares increíbles, paisajes que jamás había imaginado tener tan cerca y, sobre todo, personas admirables que poco a poco se han convertido en grandes compañeros y amigos.
Hay una sensación que todavía no logro describir del todo.
Ir en bicicleta mientras la naturaleza aparece frente a tus ojos. En bicicleta sientes el camino, el esfuerzo, el aire, los cambios del terreno y, de alguna manera, formas parte del paisaje.
Y eso fue precisamente lo que viví Domingo 23 de agosto, rumbo a los 3 miradores.
Comienza la aventura
El día apenas comenzaba.
Siendo las 6am me levanté para alistarme
Preparé todo lo necesario, tomé mi bicicleta y salí rumbo al encuentro.
Al llegar, ya estaban, Poco a poco fuimos reuniéndonos, revisando nuestras bicicletas y preparándonos para comenzar.
La energía era increíble.
Éramos un grupo con un mismo objetivo: conquistar una nueva ruta y disfrutarla
Y así, comenzamos a pedalear rumbo a nuestro primer mirador.
Llegamos.
Y ahí ocurrió la primera gran sorpresa del día.
Frente a nosotros apareció un paisaje hermoso, acompañado por una ligera neblina que cubría parte del panorama, pero que al mismo tiempo permitía descubrir poco a poco los cerros, las barrancas y la naturaleza que nos rodeaba.
Me quedé sorprendida.
Era uno de esos momentos en los que simplemente quieres detenerte, respirar y observar.
Quizá desde una fotografía podría parecer solamente un paisaje bonito, pero estar ahí, después de haber llegado pedaleando, hacía que todo tuviera un significado diferente.
Ya empezaba a entender que esta aventura sería mucho más que una rodada.
Retomamos el camino.
Y conforme avanzábamos, hubo algo que comenzó a hacerse cada vez más evidente: el compañerismo.
En una rodada así no se trata solamente de llegar.
Se trata de cuidarnos, esperarnos, estar atentos unos de otros y saber que, si alguien necesita apoyo, ahí estará el grupo.
Cada subida, cada sendero y cada tramo complicado se volvía un poco más sencillo sabiendo que no estábamos solos.
2do mirador.
Pero esta vez la naturaleza tenía preparado algo diferente.
La neblina era mucho más espesa y prácticamente escondía gran parte del paisaje.
Por momentos solo podíamos distinguir algunas siluetas entre la bruma.
Y aunque la vista era mucho más limitada, eso no impidió que disfrutáramos el momento.
Aprovechamos para tomar algunas fotografías, descansar y compartir un pequeño refrigerio antes de continuar.
Mientras descansábamos, la naturaleza comenzó a regalarnos otro momento inesperado.
Poco a poco, la neblina comenzó a darnos una pequeña tregua.
Entre los cerros y las barrancas apareció el resplandor de la mañana.
La luz comenzó a filtrarse durante unos instantes, pudimos contemplar parte de aquel paisaje escondido.
Rumbo al tercer mirador
A los siguientes
Es combinación de esfuerzo, concentración y aventura.
Subidas que exigían las piernas.
Senderos rocosos que obligaban a estar atentos.
Tramos en los que había que controlar la bicicleta y encontrar el mejor camino.
Pero también estaban las risas, las palabras de ánimo y esa sensación de que cada pedaleada nos acercaba un poco más a nuestra meta.
Y finalmente… llegamos la recompensa fue espectacular.
Para ese momento, la neblina finalmente había cedido y el paisaje se mostraba prácticamente en todo su esplendor.
Cerros, barrancas, vegetación y una vista impresionante de nuestra ciudad.
Me quedé maravillada.
Era la primera vez que conocía este lugar y resultaba difícil creer que existieran paisajes así tan cerca de nosotros.
Después de todo el esfuerzo, el cansancio habia valido la pena.
Fotos para guardar el recuerdo.
Agua para refrescarnos.
Risas para celebrar.
Y unos minutos para simplemente contemplar.
La vida cotidiana uno se olvida de mirar lo que tiene enfrente.
Ese día, la bicicleta me obligó a hacerlo
llegó el momento de emprender el camino de regreso hacia nuestro punto de convivencia regreso
Mereciamos un merecido refrigerio y un momento para convivir.
Entre pláticas, risas
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Lo que me dejó esta rodada
Hoy puedo decir que la bicicleta me ha regalado mucho más de lo que imaginaba.
Me ha permitido conocer lugares que no estaban en mi mapa mental.
Me ha enseñado paisajes que probablemente jamás habría descubierto de la misma manera.







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