COLECTIVO

Guadalajara, Jalisco, Mexico
Somos un grupo de amigos amantes a la fotografía y a la bicicleta, de ahí el nombre de este blog. Cada domingo vamos a pedalear por diferentes rumbos de la ciudad y fuera de la misma. Hacemos tanto ciclismo de montaña, ciclismo urbano y biciturismo. Con esto queremos fomentar el uso de la bicicleta como una herramienta viable de movilidad, de salud y de diversión. ¡¡¡Animate a rodar con nosotros, saca tu bici a pasear!!! Escríbenos a camararodante@hotmail.com

miércoles, 14 de enero de 2026

Mi PRIMERA PEDALEADA FUERA DEL ASFALTO


El domingo 11 de enero de 2026 llegó por fin el día de iniciar mi aventura con Cámara Rodante. Después de la inscripción, la revisión de la bicicleta y de preparar la indumentaria necesaria para rodar en montaña, ese domingo marcó para mí el arranque oficial de las Rodadas de Novatos–Principiantes, un proyecto que abre las puertas del ciclismo de montaña a quienes nos atrevemos a dar nuestra primera gran pedaleada fuera del asfalto.

Desde muy temprano, alrededor de las 8:00 de la mañana, el estacionamiento de Plaza San Isidro comenzó a llenarse de bicicletas, mochilas, cascos y nervios. El frío de la mañana contrastaba con la emoción que sentía al llegar, folio en mano, listo para vivir mi primera experiencia formal en el MTB.

A las 8:30, se dieron las instrucciones generales. Nos explicaron en qué consistía la ruta y se presentaron los padrinos y el staff. Todo transcurrió en un ambiente de mucha camaradería; había personas que ya se conocían y otras, como yo, que íbamos iniciando, pero la convivencia fue inmediata y muy agradable. Después nos indicaron pasar con nuestros equipos. A mí me tocó el Equipo 1, liderado por Bochis, Francisco, el Toro y otros compañeros que desde el inicio estuvieron atentos para apoyar a todos los novatos y principiantes.

Finalmente se dio la salida: Ruta “Rumbo al Diente”. No habían pasado ni cuatro minutos cuando apareció la verdadera novatez. Mis piernas comenzaron a doler y de inmediato los padrinos y el staff se pusieron manos a la obra: ajustaron el asiento de mi bicicleta y todo empezó a mejorar. Algunos, como yo, nos quedamos un poco atrás, pero en ningún momento nos dejaron solos. Apenas iniciábamos la rodada y ya estaba claro que aquí nadie se queda.

Tal como lo prometió Don Carlos Ibarra, del Santuario de la Bicicleta, la ruta tuvo subidas y bajadas en asfalto, hasta llegar a la terracería, donde para mí comenzó otra historia. Descender por tierra más o menos compacta fue una experiencia completamente nueva y muy agradable. 

Disfruté el camino hasta llegar finalmente a El Diente, donde nos recuperamos, platicamos cómo nos había ido y nos tomamos la foto grupal con los tres equipos, todo en un excelente ambiente.

La ruta continuó rumbo a la tienda de los lonches, pero en la terracería surgió un imprevisto: una compañera del Equipo 1 se había ponchado. Me mostró el tremendo clavo que sacó de su llanta y de inmediato nos detuvimos a ayudar. Llegaron el Sr. Toro, su tocayo y otros compañeros, demostrando algo muy claro: en esta rodada nadie se queda atrás. Cambiamos la cámara y continuamos el camino.

Más adelante llegamos a la histórica Capilla de Copala, en Zapopan, Jalisco, un verdadero tesoro escondido cuya historia se remonta al siglo XVI, cuando Fray Antonio de Segovia y el Virrey Antonio de Mendoza acamparon en ese lugar. Después de tomar algunas fotos, aunque los guías no querían dejarme atrás, les comenté que me detendría un poco más y que los alcanzaría en la tienda para probar los deliciosos sándwiches. Al llegar, confirmé algo importante: así se crean las relaciones, compartiendo algo que nos gusta en común.

Llegó el momento del regreso… y con él, la parte más dura para mí. Nos agrupamos nuevamente los del Equipo 1 e iniciamos el retorno. A los primeros 200 metros comenzaron los calambres en ambas piernas, tan fuertes que pensé en abandonar y pedir que regresaran por mí en la camioneta. Faltaban todavía 14 kilómetros.

Por radio se informó que me había quedado y apareció Don Lino, quien me indicó qué hacer para tratar de aliviar el dolor. Decidí continuar. Caminaba en algunos tramos y pedaleaba cuando podía. Incluso un vehículo se ofreció a llevarme, pero yo ya estaba firme en intentar terminar. Más adelante, en una subida, me reencontré con el Equipo 3, quienes me dieron ánimos y me ofrecieron fruta.

Los calambres regresaron y entonces apareció la barredora. Don Carlos y Don Héctor tomaron el control: me apoyaron, me dieron medicamento, chocolate, me ayudaron con masajes y, sobre todo, me dieron ánimo. Gracias a su acompañamiento recuperé fuerzas y seguí la ruta.

Más adelante, a una compañera le empezó a fallar la bicicleta. Don Héctor se quedó apoyándola, mientras Don Carlos continuó conmigo, animándome a seguir. Avancé alternando entre caminar y pedalear, hasta que, a menos de un kilómetro del punto de partida, llegó la camioneta y la ruta terminó para mí.

Debo decir que el apoyo no fue solo del Equipo 1, sino de todos los padrinos-guías desde el inicio. No fui el único que necesitó ayuda, pero sí quien más la requirió… y siempre la recibió.

Por todo lo vivido, nos vemos el próximo domingo, porque esta aventura apenas comienza. 🚵‍♂️🚲

Por Alex Horacio Mercado 

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