La rodada a Torre 3 estuvo pesada, pero valió totalmente la pena. Hubo momentos en los que sentí que ya no podía más y, para acabarla, a pocos kilómetros de la cima se me rompió la cadena. Pensé que ahí terminaba mi rodada, pero gracias al apoyo de los compañeros la pudimos reparar y seguir adelante.
También hubo caídas y llantas ponchadas, pero nadie se rajó. Lo que más me llevo de esta experiencia es el compañerismo y el apoyo que siempre hay en el grupo.
Las rodadas con *Cámara Rodante* han sido mucho más que ejercicio; se han convertido en una fuente de aventura, aprendizaje y amistad.
Entre senderos, subidas exigentes y paisajes espectaculares, he encontrado un grupo de personas que siempre está dispuesto a brindar apoyo, ya sea con palabras de ánimo cuando el esfuerzo pesa o esperando a quien se queda atrás para que nadie termine la ruta solo.
Algo que distingue a esta comunidad es el compañerismo. Ante una ponchadura, una falla mecánica o cualquier imprevisto, siempre hay alguien dispuesto a compartir herramientas, conocimientos y tiempo para seguir adelante.
Gracias a todos los que estuvieron ahí; sin duda fue una rodada para recordar.
Por Fernando Rodríguez






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