En Cámara Rodante te advierten que al ciclismo de montaña lo amas o lo odias. Y creo que quienes deciden odiarlo es porque no se han atrevido a explorar hasta dónde son capaces de llegar, solo para descubrir que su límite es expansible y que, en la salvajidad de enfrentar una bajada rocosa y empinada, se encuentra el poder más valioso que tenemos como individuos: creer en uno mismo.
Esta rodada fue diferente a las anteriores, no solo por el hecho de explorar una ruta distinta y aumentar la dificultad, pues, a pesar de una serie de sucesos desafortunados que parecían ser señales para no avanzar en el recorrido, al final la misión se logró y, una vez más, comprobé que es más duradera la plenitud interior que se vive durante el trayecto y al llegar a la meta que el dolor físico cuesta arriba.
La cita fue a las 8:00 a.m. en el Bosque de la Primavera y, a medida que el grupo ibaaumentando, nos preparábamos previamente para salir: algunos hacían ejercicios de calentamiento, otros registraban asistencia y el resto socializaba o tomaba fotos.
Comenzaron algunas instrucciones por parte de los guías y, entre ellas, hubo una indicación especial. Teníamos el reto de conocer a tres personas con quienes no hubiéramos hablado antes y saber más de ellas, lo cual, al ser una persona más introvertida, tomé como unameta personal, poniéndome un poco nerviosa y tornándose algo serio para mí.
Como alguien que ya había rodado con el equipo de Cámara Rodante años atrás y había probado esta ruta (con algunas variaciones), en un inicio me sentí confiada; sin embargo, eso no descarta que sigo siendo novata y que había borrado de mi mente lo accidentado que podía ser el camino y lo importante que es ir preparada en todos los aspectos.
Consejo: aun cuando sientan un frío intenso antes de iniciar, no se excedan con el uso de ropa abrigadora ni carguen elementos innecesarios. Empezamos en un nivel plano que iba ganando altura y, después de esa primera subida, con dos capas de playeras de manga larga, una sudadera, buff, goggles y casco, me acaloré.
Al término de esa pendiente se aproximaba la primera bajada intensa y mi primer obstáculo. Descendimos entre tierra,varios baches y algunas piedras sueltas. Fue al llegar a un plano que sentí que mi llanta trasera se había ponchado y, en un instante, tenía a mi alrededor a un buen número de compañeros ciclistas apoyándome. El contratiempo no duró mucho; por suerte hice caso de las indicaciones de cargar con cámara de repuesto y, después de solucionarlo, seguimos avanzando. Pero este era solo el primer desnivel y, a mi parecer, el menos complejo, pues después del primero vinieron otros más arriesgados, por los que rodamos un poco con los nervios de punta al saber que uno de nosotros había caído, aunque afortunadamente todo quedó en un fuerte raspón.
Ya con la emoción de haber librado las pendientes anteriores, bajé a toda velocidad por una más de menor grado. Grité triunfante de manera anticipada, pues a mi grito le siguieron varios tronidos extraños provenientes de mi bicicleta. Al detenerme y bajarme comprobé que la cadena se había atorado entre los rayos y los cambios, rompiendo la patita del desviador.
Este era mi segundo obstáculo y el que casi me hace darme la vuelta y regresarbpor el camino recorrido. Afortunadamente, después de un largo tiempo en el que varios compañeros me estuvieron apoyando y tratando de solucionar el conflicto, Don Lino intervino acudiendo a nuestro rescate. Con suerte, cargaba con un repuesto para elvdesviador e hizo el reemplazo de la pieza dañada.
Nuevamente avanzamos y llegamos a Río Caliente. A estas alturas ya me sentía algo preocupada de que un nuevo incidente se cruzara en el camino y, con ese temor en la cabeza, crucé el río sobre mi bici sin lograr atravesarlo por completo, llegando solo a la mitad, donde me bajé y continué caminando.
Más adelante me encontré con otra parte del río; esta vez pensé que podría llegar hasta el otro lado en dos ruedas, pero lamentablemente golpeé con una piedra y caí, sumergiéndome junto con mi bici y todo lo que llevaba, incluido mi celular (spoiler alert: ese daño no tuvo arreglo). Después de esto y con algo de cansancio, mi humor ya se encontraba afectado. Aun así, persistí en subir al mirador y, aunque no llegué al punto más alto, fue en las bajadas de regreso donde encontré mi recarga de energía necesaria para nuevamente llegar al punto donde inició todo. Entonces recordé algo que alguien me dijo: “Toda subida, después vas a bajarla”. Y entendí que no solo hablaba de pendientes, sino de los momentos difíciles que parecen interminables, pero que, tarde o temprano, se transforman en aprendizaje y alivio.
Escribiendo esto y reflexionando, me doy cuenta de que tal vez —y solo tal vez— todo esto fue una ayudadita para cumplir el reto que nos puso María sin mayor dificultad. Conocí a Don Lino, Richard, Arturo, Charly, Paulo y a más personas que me apoyaron durante cada percance. También platiqué con Caro, mi tocaya, y con un par de chicos más que me acompañaron durante el regreso y fueron de gran ayuda para despejarme de los límites mentales con su conversación.
A todos ustedes, gracias; especialmente a Don Lino, que si no hubiera sido por sus habilidades mecánicas para ayudarme a reparar mi bici, probablemente no hubiera terminado la rodada ni habría escrito esta crónica. Y a Mary, queademás de agradecerle el empujoncito para salir de mi zona de confort con ese reto, fueuna gran compañía en el último tramo de esta aventura.
Sí, esta rodada fue diferente a las anteriores, porque esta vez decidí amar el ciclismo de montaña.
Por: Nina Carolina Gutiérre










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